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¿Le Tomó 30 Años A La Sra. White Dejar La Carne?


Algunos estudiantes del Antillian College como también de la Universidad Adventista Dominicana han expresado la idea de que le tomó a la Sra. White 30 años para dejar de comer carne. También hemos venido escuchando esta teoría desde los años ochenta de boca de varios pastores graduados de esas universidades.

La base para esa declaración es una cita del libro Consejos sobre el régimen alimenticio donde la Sra. White afirma que después del congreso de Brighton, que se celebró en Australia en enero del 1894, ella eliminó absolutamente la carne de su mesa. La Sra. White recibió su visión sobre la reforma pro salud en el año de 1863, así que si ella eliminó “absolutamente la carne” de su mesa en 1894, entonces le tomó a ella 30 años abandonar la carne.

Uno de los problemas serios que nosotros enfrentamos con libros que no son originales de la Sra. White, sino que son recopilaciones, es el uso de citas cortas que por ser cortas no presentan el contexto de las declaraciones emitidas en ellas, y esta cita en referencia es un caso patético de lo cuidadoso que debemos ser al leer citas cortas de la Sra. White donde el contexto es incierto o desconocido para el lector.

La cita en referencia de Consejos sobre el régimen alimenticio en su versión corta dice así: “Desde el congreso campestre de Brighton (enero de 1894) yo he eliminado absolutamente la carne de mi mesa. Existe el entendimiento de que ora sea que esté en casa o afuera, nada de esta clase ha de usarse en mi familia, o ha de ponerse sobre la mesa. He tenido muchas presentaciones sobre este tema en las horas de la noche.”—Carta 76, 1895. (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio pág. 586.)

Esta declaración de la Sra. White es fácil de entender si permitimos que la Sra. White sea su propio intérprete. En otra carta que ella escribió en 1896 ella da más detalles de las circunstancias que se presentaron que la indujeron a servir carne en su propia mesa para personas que trabajaban con ella en Australia y que se dedicaban a derribar arboles principalmente de eucalipto. En esta carta ella explica: “Tengo una gran familia que a menudo cuenta con 16 miembros. En ella hay hombres que trabajan con el arado y que derriban árboles. Estos efectúan el más vigoroso ejercicio, pero ni una partícula de carne se coloca en la mesa. No hemos usado la carne desde el congreso campestre de Brighton [enero 1894]. No era mi propósito tenerla en la mesa en ningún momento, pero se hicieron urgentes pedidos en que se declaraba que tal persona no podía comer tal o cual cosa, y que su estómago podía digerir la carne mejor que cualquier otra cosa. De esta forma fui tentada a colocar carne en mi mesa. (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio pág. 587.)

En otra carta escrita que aparece en Spalding and Magan Colletion ella da información adicional muy valiosa: “Tengo una gran familia que a menudo cuenta con 16 miembros. En ella hay hombres que trabajan con el arado y que derriban árboles. Estos efectúan el más vigoroso ejercicio, pero ni una partícula de carne se coloca en la mesa. No hemos usado la carne desde el congreso campestre de Brighton (enero de 1894). No era mi propósito tenerla en la mesa en ningún momento, pero se hicieron urgentes pedidos en que se declaraba que tal persona no podía comer tal o cual cosa, y que su estómago podía digerir la carne mejor que cualquier otra cosa. De esta forma fui tentada a colocar carne en mi mesa. El uso de queso empezó a treparse como a escondidas, porque algunos gustaban del queso; pero pronto controlé eso. Pero cuando el egoísmo de tomar las vidas de animales para gratificar un apetito pervertido me fue presentado por una mujer Católica, arrodillándose a mis pies, me sentí avergonzada y angustiada. Vi en ello una nueva luz, y decidí no más patrocinar al carnicero, no tendré la carne de animales muertos en mi mesa. Spalding and Magan Colletion, pág. 38.

La Sra. White llegó a Australia en 1891 y este congreso en Brighton tuvo lugar en enero de 1894. No sabemos con precisión cuando se le hizo esta petición a la Sra. White de que se permitiera a ciertas personas que no podía comer ciertos alimentos que consumieran carne en su casa. Pero debemos suponer que esa situación se presentó algún tiempo después que ella llegara a Australia en 1891 y que se decidió darles no más carne a esas personas en enero del 1894. Lo que sí sabemos es que ella no ofrecía carne en su mesa mientras ella vivía en Estados Unidos. En 1870 ella escribió:

“Tengo una mesa bien provista en todas las ocasiones. No hago ningún cambio para las visitas, ora sean creyentes o incrédulos… Tengo suficiente alimento sencillo y saludable listo para satisfacer el hambre y nutrir el organismo. Si alguien quiere más que esto, está en libertad de encontrarlo en otra parte. No pongo en mi mesa nada de mantequilla ni de carne. Raramente hay torta allí. Por lo general tengo una provisión amplia de frutas, buen pan y hortalizas. Nuestra mesa está siempre bien concurrida, y a todos los que participan del alimento les va bien, y su salud mejora. (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio pág. 583-584.)

El hecho de que la Sra. Sirviera carne en su mesa fue algo temporero, pero como ella misma declara: “No era mi propósito tenerla en la mesa en ningún momento.” Ella fue tentada a colocar carne en su mesa.  Ella fue muy clara de que ella dejó de comer carne en 1863 cuando ella recibió la visión sobre la reforma pro salud.

“No he cambiado mi conducta ni en un ápice desde que adopté la reforma pro salud. No he dado ningún paso de retroceso desde que la luz del cielo sobre este tema brilló por primera vez en mi camino. Abandoné todo de inmediato—la carne, la mantequilla y una de las tres comidas—y eso mientras me ocupo en una labor intelectual exhaustiva, escribiendo desde temprano por la mañana hasta la puesta del sol. He disminuido a dos comidas por día sin cambiar mi trabajo. (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio pág. 580.)

En las propias palabras de la Sra. White, ella nunca tuvo problema para abandonar el consumo de carne, por el contrario lo que le dio trabajo fue ¡acostumbrarse a comer pan!

                “Pero puesto que el Señor presentó delante de mí, en junio de 1863, el tema del consumo de carne en relación con la salud, abandoné el uso de la carne. Por un tiempo fue más bien difícil acomodar mi apetito al pan, por el cual, anteriormente, había tenido poca apetencia. Pero por medio de la perseverancia, he podido hacerlo. He vivido casi un año sin carne. Por seis meses la mayor parte del pan que se ha puesto en nuestra mesa ha sido bollos de harina de trigo sin cerner y no leudados, con agua y muy poca sal. Usamos frutas y hortalizas en forma abundante. He vivido ocho meses con dos comidas por día.” (Consejos Sobre el Régimen Alimenticio pág. 579.)

Esta falsa idea de que le costó a la Sra. White 30 años para abandonar la carne ha servido de base para que muchos pastores y laicos consideren con liviandad el gran tema de la reforma pro salud. Muchos de ellos no han considerado que “Hay quienes deberían despertar respecto al peligro del consumo de carne, que todavía consumen la carne de animales, arriesgando así la salud física, mental y espiritual. Muchos que ahora están sólo medio convertidos sobre el asunto del consumo de carne, saldrán del pueblo de Dios para no caminar más con ellos.” -RH Mayo 27, 1902. (También en Eventos de los Últimos Días capítulo 6)

¿Significa la cita anterior que el consumo de carne es un asunto de salvación? La respuesta es un rotundo NO. La salvación es gratis por la fe en Jesús. No nos salvamos por guardar la reforma pro salud. Tampoco nos salvamos por guardar el sábado. “Por guardar la ley ninguna carne se justificará delante de Dios” (Gal. 2:16). Guardar el sábado y la reforma pro salud es una demostración de que amamos a Dios. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos.” También dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.” Marcos 12:30. Toda persona que guarde el sábado o la reforma pro salud por miedo al infierno terminará en el infierno. Guardamos los mandamientos como una demostración de amor y de obediencia. Amor por lo que Él hizo por nosotros en la cruz. “El que está tratando de alcanzar el cielo por sus propias obras observando la ley, está intentando lo imposible." (Deseado de Todas las Gentes, pág. 142.)

El mensaje pro salud es el brazo derecho del mensaje del tercer ángel. Muchos predicadores están presentando al mundo un ángel manco, al ser manco es un falso mensaje. Las universidades mencionadas están preparando obreros que están en la retaguarda del movimiento del tercer ángel, pero que como laodicenses piensan que están a la delantera del movimiento. A un pastor de su época que tenía la misma mentalidad retrógrada la Sra. White le envió el siguiente testimonio:

 Tenga cuidado de cómo se coloca Ud. en la oposición a la obra de la reforma pro salud.  Ella avanzará.; porque constituye el medio que el Señor tiene de aminorar los sufrimientos de nuestro mundoConsejos Sobre el Régimen Alimenticio, página 43.

Tengamos cuidado de cómo nos colocamos en la oposición al mensaje del tercer ángel y de su brazo derecho, la obra de la reforma pro salud. “Creed al Señor vuestro Dios, y estaréis seguros; creed a sus profetas, y seréis prosperados.” 2 Crónicas 20:20.

 

 Pr. Ruben Molina Ossers.


 

 


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